Hay niños que nunca parecen oír a la primera. Sus padres se desesperan porque, aunque al final obedecen, tienen que repetirles las órdenes muchas veces para que las cumplan.
El proceso que se da suele ser el siguiente: Uno de los padres da la orden (recoge tu ropa, recoge tus juguetes, etc); el niño no contesta y sigue con lo que estaba haciendo; el adulto repite la instrucción en voz más alta, con tono más imperativo, exigente y amenazándole con algún castigo.
Es posible, que a estas alturas el niño reaccione y emita un tenue "si" o "ya voy", pero el adulto ya enfadado, probablemente, le siga chillando incluso, durante varios segundos después de realizar la orden.
Si analizamos este comportamiento, en términos de conductas aprendidas, nos daremos cuenta de que: el niño, posiblemente, estuviera realizando una conducta placentera para él (ver la t.v., jugar, etc) cuando el adulto le pide que realice una actividad que no le gusta y que además, es incompatible con la anterior, ambas no se pueden llevar a cabo a la vez.
Evidentemente, el niño prefiere seguir con la actividad agradable en vez de realizar la que no le apetece, por lo que decide ignorar las órdenes.
A su vez, el adulto al utilizar un tono más imperativo y amenazador lo que está haciendo, generalmente, es favorecer más las conductas de oposición e ignorancia.
La presencia inminente de un castigo suele ser lo que, finalmente, lleva al niño a cumplir la tarea encomendada.



