Las rabietas son expresiones de desacuerdo que algunos niños utilizan frecuentemente. Estas son un fenómeno normal en un determinado estadio evolutivo (dos/tres años) y van desapareciendo a medida que el niño crece (aquí interviene especialmente el dominio del lenguaje), de manera que a los 5 o 6 años prácticamente han desaparecido de su repertorio conductual. A menos que el niño/a haya aprendido que tener rabietas es una manera rápida y eficaz para obtener sus propósitos.
EJEMPLO DE UN CASO
Pablo tiene 4 años. Desde muy pequeño aprendió que sus lloros servían para que sus padres acudieran rápidamente a satisfacer sus deseos. A medida que crecía, se dio cuenta de que si pedía las cosas de manera verbal no siempre las conseguía pero que si se tiraba al suelo a llorar, sus padres solían acabar accediendo.
Además, como Pablo era un niño inteligente, también se dio cuenta de que si chillaba, pataleaba o golpeaba paredes, sus padres se "rendían" antes. Es decir, aprendió que una buena rabieta era muy útil y empezó a utilizarlas de manera muy frecuente.
Por otra parte, sus padres, han aprendido que cuando consigue lo que quiere Pablo se calla. Para ellos, esto es un alivio, por lo que cada vez acaban "cediendo" antes. Aunque ellos saben que a la larga esto sólo sirve para perpetuar esta situación, en ese momento consiguen un poco de paz (o que todo el mundo deje de mirarles en el supermercado, por ejemplo).
PAUTAS DE ACTUACIÓN
Aunque el objetivo a largo plazo es que Pablo obedezca, lo primero que sus padres quieren es que deje de tener rabietas.
Para esto, es imprescindible que deje de obtener lo que quiere a través de la manifestación de esta conducta (que a estas alturas la tendrá totalmente instaurada como una de las estrategias más eficaces para conseguir un fin).
Lo primero que tenemos que hacer, como siempre, es haber tomado la decisión, estar convencidos que lo hacemos por el bien de nuestro hijo y de toda la familia y por supuesto, haberlo consensuado con todos los miembros implicados en la educación de Pablo (de nada sirve que la mamá cambié de actitud si el padre no lo hace).
Lo segundo que haremos es explicárselo a Pablo: "Mira hijo, papá y mamá como saben que es lo mejor para ti y te quieren mucho, te van a enseñar a hacer las cosas bien. Por esto, hemos decidido que a partir de ahora las cosas van a cambiar..."
Hay que enseñarle a Pablo que la manera adecuada de conseguir algo, no es a través de una rabieta (él sufre y los papás también) y por eso, a partir de ese momento todo lo que pida de esa manera no volverá a tener una consecuencia positiva (conseguir lo que él quiere). Esta condición no sirve de nada si no se cumple siempre. Por eso, pongo énfasis en que el cumplimiento tiene que ser continuo y estricto.
Lo normal, es que después de esta conversación y conociendo la debilidad de sus padres, Pablo no se crea lo que le han contado, con lo cual a la mínima ocasión lo pondrá a prueba con más ganas y con más fuerza (es normal que al principio las rabietas incluso aumenten).
Sin embargo, si los padres se muestran convencidos y firmes y bajo ninguna circunstancia le dan nada de lo que pide a través de una rabieta, el niño va a dejar de usar esta estrategia (se da cuenta de que no funciona y para él es agotador).
Durante este período, es muy importante que los padres aprendan a atender las peticiones que Pablo realiza de manera adecuada, puesto que le estamos enseñando a hacer las cosas bien y además son conductas incompatibles con las rabietas.
Por supuesto, no tendremos que pasarnos la vida dándole todo lo que pide de manera correcta (tenemos que marcar límites), pero siempre podremos reforzar esta conducta: "hoy no te vamos a comprar un helado pero me encanta que me lo pidas así de tranquilo, cómo se nota que te estás haciendo mayor".
-LÍMITES Y CONSECUENCIAS. NO CASTIGOS
- DAR ÓRDENES DE MANERA EFICAZ
Espero que os haya parecido interesante.
Un saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar en esta página